martes, 16 de septiembre de 2008

Entre Columnas

Nubarrones
Martin Quitano Martinez
mquitanom@hotmail.com

En estos momentos, es espantoso el escenario de nuestro país. Todo parece indicar que lo que nos depara el futuro es la ingobernabilidad y el caos, así me comentaba un amigo, su sentir frente a lo que pasa en México; la desesperanza se ha venido convirtiendo en el sentimiento que se apodera cada vez de más personas, ya que reúnen con facilidad los sentimientos de orfandad ante la crisis, de impotencia y miedo, pero sobre todo de vacío de perspectivas que presupongan que algo bueno podrá pasar.
El conjunto social no está sano, el aparato de estado se desploma y los gobernantes embalsaman las ilusiones del más optimista. Las noticias y acontecimientos cotidianos, aparte del desasosiego que provoca su existencia, manifiestan la incapacidad de los encargados, que desde el poder, cínica e impunemente se solazan en robarnos la esperanza, en profundizar el deterioro, en contagiarnos de su actitud corrupta, generando la oportunidad de servir de ejemplo y formar más como ellos.
La impunidad como el anti valor que se festeja y en el cual todos queremos recrearnos, goza de la fuerza suficiente como para que muchos de los firmantes del pacto contra la inseguridad sean los primeros en violentar los derechos de los que se dicen representar, para que muchos de los gobernantes asuman el papel de la rendición de cuentas y la transparencia, con la misma seriedad con la que toman sus compromisos con sus electores, es decir, ninguna.
La impunidad como eje de las acciones de los que solo ven para sí, de aquellos que manifiestan desprecio y lejanía por el conjunto social, que asumen con descaro que si no son ellos, serán otros, y que por lo tanto es mejor no dejar pasar la oportunidad de hacer lo que les plazca.
La impunidad en grado superlativo que relaciona todos los actos de la vida, que no reconoce más freno que el de su propia voracidad, que asume la cara de cualquiera, desde el que roba en su puesto de gobierno o empresa, hasta el que se estaciona donde no debe, o aquel que no cumple con su trabajo y se solaza en hacer como que trabaja, o aquellos “políticos” que solo a través de sus discursos, se plantean realmente que están haciendo algo para superar lo que estamos padeciendo.
Es claro que tenemos nubarrones sobre nuestras cabezas.
Los problemas son múltiples y difíciles, pero acaso precisamente por ello debemos fortalecer nuestra integridad social, ser optimistas sin caer en la ingenuidad y hacer lo que nos toca para buscar superar las dificultades y transmitir a las nuevas generaciones, el compromiso de un futuro mejor; de lo contrario, solo nos restaría darnos por vencidos y darle a aquel amigo del inicio, el reconocimiento por tener boca de adivino.
De la Bitácora de la Tía Queta
Coatepec, Veracruz tiene un gobierno ineficiente y con altos grados de opacidad; sólo una muestra de lo que late en la entidad.

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