martes, 23 de septiembre de 2008

Entre Columnas

INDIGNACIÓN

Martín Quitano Martínez

mquitanom@hotmail.com

¿Cómo debemos enfrentar la vida desde esta singular puesta en escena llamada México, donde se nos presentan las imágenes más escalofriantes de un presente de terror y un futuro marcado por el caos?

Muchas líneas se han escrito ya en relación directa con lo ocurrido en Morelia este pasado 15 de septiembre; razones diversas, deslindes obligados, lamentos de todas partes y juramentos de castigo, se han paseado por cualquiera y todos los medios de comunicación, que encuentran receptores paralizados por el miedo de lo que a cada uno nos podrá tocar.

El proceso de “colombianización” que se veía venir desde hace muchos años ha llegado, dada la profundización de los esquemas de corrupción e impunidad que cada vez se hacían más notorios. Las veces que se observaba con incredulidad y lejanía que esto pudiera sucederle a nuestro país, mientras que nos solazábamos en ser tan solo el puente de los grande tráficos de droga hacia los Estados Unidos de Norteamérica, festinando con burla “la venganza de Moctezuma”, ya que al fin nos podríamos desquitar de los pinches gringos drogos, a los cuales había que llenarlos de lo que pedían desesperadamente.

Para que lo anterior fuera posible, eran necesarias componendas que implicaban la generación de redes y compromisos que abrieran la cobertura cotidiana a actividades ilegales, sin más sobresaltos que eventualmente, acordar su “enfrentamiento con la fuerza del Estado” para después continuar sin ningún rubor y tal vez con mayor fuerza con los hechos delictivos, gozando de la impunidad que las complicidades establecidas, le darían.

Estamos ante un panorama que se puede tornar desolador, crítico. Las responsabilidades de los actores políticos y económicos de los poderes formales y de facto en este crecimiento exponencial de la crisis es absoluta; sus actos han carcomido el endeble entramado institucional del Estado mexicano, mismo que a decir de algunos especialistas, si no se ponen soluciones prontas y efectivas, ya podría estársele definiendo como un Estado fallido con todo lo que ello significa, para plantearse en condiciones que perfilen mejoras para la nación.

El dolor frente al atentado terrorista es grande, pero mas aún lo es la indignación y la rabia que acompaña a la exigencia de los ciudadanos para que el gobierno combata estos actos, exigirles que mas allá de los discursos lacrimógenos, se realicen actos serios y creíbles de combate a la impunidad y a la corrupción, actos que otorguen a la sociedad mínimas referencias de que es real la voluntad de los distintos actores políticos, de cambiar el signo ominoso del caos para nuestro país.

Lo he dicho he insisto en ello, el problema no es solo éste mayúsculo de la delincuencia organizada, es igual o mayor el de los actos de impunidad del día a día, aquellos que se realizan con la complicidad de no cumplir ni hacer cumplir la ley en ningún caso; es mayor el problema cuando la cultura social mexicana se asume y regodea en la corrupción y la impunidad, cuando se asume que la regla de oro para destacar y formar patrimonio es haciendo añicos los marcos legales.

Requerimos de cirugías mayores para componer al enfermo. Se necesitan pactos que privilegien un mejor futuro para México, pactos sociales y políticos que asuman la urgencia de definir un piso básico de intereses mayores que conlleve a la construcción de un entramado legal e institucional que nos brinde una oportunidad de vida.

Para ello es necesario mucho más que los discursos que desde todos los colores se han enviado; urge voluntad, humildad y un ejercicio político comprometido que rebase la consideración de suma cero, donde lo que yo gane el otro lo pierde; se necesita una visión de Estado, que para nuestra desgracia, no se encuentra en las prioridades de nuestra clase política.

De la Bitácora de la Tía Queta

De luto ciudadano.

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