martes, 26 de abril de 2011

Entre Columnas

Madres de la plaza Lerdo
Martín Quitano Martínez
mquitanom@hotmail.com
Es preciso saber lo que se quiere; cuando se quiere,
hay que tener el valor de decirlo, y cuando se dice,
es menester tener el coraje de realizarlo.

*Georges Benjamin Clemenceau


Las discusiones en contra de los altos riesgos de la construcción y operación de la planta Nucleoeléctrica de Laguna Verde, que desde hace más de 20 años han planteado distintos actores, cobran vigencia y relevancia después de conocer los problemas que se viven en Fukushima Japón, invitando a actualizar y redimensionar el debate.

Demasiado dinero de nuestros impuestos invertido en una planta no solo exesivamente cara y cuestionable en su pertinencia como alternativa energética en un país como México, sino que a eso se suman las irregularidades técnicas, las deficiencias constructivas y su obsolescencia como modelo nuclear, temas que en varios foros se han ventilado.

Frente a los temores sociales y las iniciales acciones de resistencia civil, la respuesta gubernamental ha sido siempre la descalificación, la represión o simplemente el olvido.

Desde el inicio, el ejercicio valiente de las madres veracruzanas por muchos años ha permitido atisbar en la problemática que siempre ha sido negada, el desdén oficial en todos los niveles por la lucha constante e incansable de las madres de la Plaza Lerdo, que son ejemplo de tesón y congruencia que debe ser reconocido.

A pesar de la sordera y la ceguera del poder público y de mucha sociedad indiferente, el nicho receptor de los mensajes enviados desde la voz de las madres veracruzanas ha sido una y más veces reforzado por documentos que demuestran la incapacidad de respuesta y desalojo, de acciones de protección civil ante contingencias posibles, lo que aumenta el riesgo y cuestiona las condiciones de operación y los valores de rentabilidad efectiva de la existencia misma de la planta.

El delirio gubernamental no se detiene, ahora se rumora que se cabildea para impulsar acciones y recursos para la construcción de más plantas nucleares, para ampliar la existente. De ser cierto, estaríamos frente al aplastamiento del fundamentado temor popular y la cuestionada rentabilidad energética de la opción nuclear, en favor de los grandes intereses y capitales involucrados en esta inversión.

Ocultamientos, silencios ominosos, son la respuesta al espanto de numerosos grupos sociales ante tanto oprobio de nuestro gobierno. La demanda del cierre de Laguna Verde no es una necedad o una petición aislada y sin bases, es un imperativo de futuro, razonado, justificado a la luz de lo que sabemos de este tipo de plantas y en particular de la que tenemos en nuestra casa.

No queda espacio ni tiempo para confiar en sus palabras, en sus acciones, en sus prioridades. Es momento de sumarnos nuevamente a las Madres de la Plaza Lerdo, de movilizarnos en distintos escenarios, de darle voz a la cordura para reivindicar el uso de energías alternativas que nos permitan vivir más, mejor y sin riesgos.


DE LA BITÁCORA DE LA TÍA QUETA
En Veracruz si el bloqueo de calles es para vitorear al poder, adelante, si no, la fuerza. Que repugnancia.

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