domingo, 18 de marzo de 2012

LA IGLESIA EVANGÉLICA EN LA REGIÓN

Por Juan Osorio Flores

La Iglesia Evangélica como tal ciertamente es una sola, y la característica que la identifica es básica: la Biblia es su única norma de fe y conducta permanente.

Con esta especificación, la Iglesia Evangélica ha asumido su propia personalidad, como en el caso de una familia común, en donde hay un padre, una madre y hermanos, y todos, aunque conforman un solo núcleo, tienen: nombres diferentes, edades diferentes, gustos diferentes, profesiones diferentes e incluso, expectativas diferentes.

De ahí que la Iglesia Evangélica puede identificarse como Iglesia Presbiteriana, Iglesia Pentecostés, Iglesia Bautista, Iglesia Metodista, Iglesia de los Nazarenos, Asambleas de Dios, la Luz del Mundo, Movimiento Iglesia Evangélica Pentecostés Independiente, Iglesia Israelita, Centros Cristianos diversos, entre otras.

De este cúmulo de identidades asumidas por las congregaciones, muchas con instalaciones propias a las que denominan por regla general "Templos", "Casas de Oración", "Centros Cristianos" y otras que no cuentan con espacios propios, que pueden reunirse desde casas particulares y hasta salones de eventos rentados de forma periódica.

Las corrientes varian, prevaleciendo a la fecha las Iglesia Conservadoras, que pueden ser de cualquier de las denominaciones mencionadas líneas atrás y que no buscan la táctica mediática como medida básica de promoción: esto es, no les interesa hacer uso de la prensa o los demás medios de comunicación para llamar la atención sobre asuntos o temas diferentes a su fe. Ellos prefieren predicar en sus templos, salones, e incluso en estadios, plazas, parques y calles, pero exclusivamente enfocados en sus lineamentos bíblicos sin incurrir o tocar temas sociales, ideológicos y mucho menos políticos. Ellos entienden su religión como una forma de vida, por lo que no la convierten en producto de venta al público vía el marketing comercial.

El pastorado en general de todas estas iglesias o congregaciones puede tener dos características: los que están dedicados ciento por ciento a la atención pastoral, y reciben como emolumentos aportaciones etiquetadas acordadas por los miembros de las iglesias; los que no dependen económicamente de sus congregaciones, pues ostentan negocios propios o empleos que los sostienen a ellos y sus familias y que todo su tiempo libre lo dedican a la predicación y enseñanza Bíblica.

Aquí cabe hacer una aclaración: el "Pastor" como tal, es aquél que tiene: un liderazgo superior que lo respalda, o sea, un Cuerpo Ministerial conformado de Ministros, Pastores, Diáconos, Apóstoles, que lo respaldan en su diario trabajo evangelístico-pastoral y al mismo tiempo le sirven de Órgano Calificador de sus acciones, pudiendo incluso, sancionarlo en caso de irregularidades. También debe contar con estudios teológicos impartidos por una Institución reconocida y de abolengo, que le haya otorgado un grado equis en la nomenclatura teológica-bíblica-pastoral.

Requisito indispensable: Debe encabezar una Iglesia o congregación, la cual dé testimonio de él, de su trabajo, de sus resultados y de sus expectativas ciento por ciento espirituales. Cualquiera se puede presentar como "Pastor" o como "Presidente" de tal o cual asociación evangélica o "Red Evangélica", pero si no cuenta con ese respaldo, su "auto-nombramiento" es falso e inválido.

A esta altura, cabe aclarar que en más de una ocasión personas para nada identificadas con la real doctrina básica de la Iglesia Evangélica, se han presentado como "Presidentes" "Voceros" y "Representantes" de las Iglesias Evangélicas de Veracruz, en ruedas de prensa, a hablar sobre temas políticos, policiacos y hasta económicos, anteponiendo que sus palabras "son la postura" de las Iglesias Evangélicas, lo cual resulta falso de toda falsedad.

Del mismo modo, estas mismas personas convocan y apoyan movimientos ciudadanos que terminan alterando el orden público o el libre tránsito de otras personas, lo cual no es práctica para nada de las Iglesias Evangélicas, que por regla, cuando salen a las calles, lo hacen en espacios abiertos, prinicipalmente parques públicos, en donde con los permisos y benias previamente tramitados y conseguidos de las autoridades correspondientes, realizan actividades que conllevan siempre y únicamente la propagación de los ideales bíblicos, respetando la infraestructura urbana, otros principios religiosos y sobre todo, evitando hablar sobre cualquier tema que no sea el mensaje del Evangelio.

Por otra parte, las Iglesias Evangélicas reconocidas, por regla general se abstienen de responder positivamente a convocatorias ajenas a los programas anuales de sus propios Movimientos, y sobre todo cuando no se trata de eventos religiosos, sino de otra índole.

Los cristianos-evangélicos en general de todas las denominaciones, tienen la libertad, según sus ideologías de culto, de participar en política y de tener inclinaciones partidistas propias, pero jamás esta actividad será relacionada directa o indirectamente con la congregación, doctrina y denominación a la que pertenecen.

La Iglesia Evangélica se abstiene siempre de mezclarse en situaciones ajenas a su naturaleza; entiende y sabe que su destino está en predicar una doctrina Cristocéntrica. Nada más, aunque como en todas partes, hay malos miembros. Así como en las familias aparecen de vez en vez "las ovejas negras", en las Iglesias Evangélicas también aparecen de vez en vez personas que tuercen los objetivos del cristianismo evangélico desde cualquier parte de la estructura de la congregación: pueden ser miembros activos, simpatizantes, seguidores y seudo pastores, que ocupan ese título para causar daño, a personas, a las propias iglesias e incluso a la sociedad. Pero al final, aunque salieron o permanecen agazapados en alguna iglesia, no quiere decir que sean parte de ella.

Por lo demás, la participación de la Iglesia Evangélica en la conformación de una sociedad respetuosa, sana, fuerte y obediente, es más que visible: miles de matrimonios encontraron la re-formación de sus hogares; miles de hombres y mujeres de todas las edades han logrado vencer un vicio o una enfermedad a través de la oración. Miles de personas han encontrado amigos, familias, esposas y demás, en un ambiente limpio, respetuoso y apegado a la legalidad bíblica y constitucional. La Iglesia Evangélica ha sido también fortísima coadyuvante de la paz social y la gobernabilidad, pues dentro de sus preceptos, es parte fundamental el reconocimiento y atención irrestricta a la Autoridad y/o Gobierno. De hecho, muchas congregaciones cristianas dedican varias horas de oración al mes "por nuestras autoridades, para que Dios los ilumine en sus grandes responsabilidades".

Esto es parte, de lo que es: una Iglesia Evangélica.

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