jueves, 7 de junio de 2012

DESPERTAR A TIEMPO



Romeo González Medrano
LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN
 NO TIENE DUEÑO


Desde hace tiempo se viene presentando un uso indistinto de los conceptos de la libertad de expresión y libertad de prensa que invita a reflexionar en el ánimo de evitar confusiones o incluso utilización que encubre contradicciones e intereses ocultos:
En la historia de México como de la humanidad, hay de sobra testimonios de lo que ha sido la lucha por la libertad de expresión en un tiempo identificada como “la libertad de imprenta” por ser periodistas y luchadores sociales los que en su afán difusión de ideas, se vieron en la adversidad de poder expresarse.
Fue el gobierno del Presidente Miguel Alemán Valdez el que estableció el 7 de Junio de 1951  como “El Día de la Libertad de Expresión”. Un derecho consagrado  en los Artículos 6° y 7° de la Carta Magna.
En 1968 fue el movimiento estudiantil popular el que sacudió el sistema político mexicano teniendo por algunas de sus demandas precisamente el respeto a la libertad de expresión y el cuestionamiento de los medios de comunicación. Pasada la represión, fue el Presidente Luis Echeverría quien en 1976 añadió que este día se entregara el Premio Nacional de Periodismo. Menciono estos antecedentes porque dan la pista de la reflexión que deseo compartir con mis lectores.
Por el papel que han jugado los comunicadores y los medios de comunicación en las relaciones del gobierno con la sociedad en el México contemporáneo y más específicamente por las necesidades de legitimación política, estabilidad, consenso y gobernabilidad, la libertad de expresión, siendo un derecho universal y de todos se comenzó a utilizar como “dádiva” tutelada por Estado y como sinónimo de la libertad de prensa, cuando en realidad no es ni lo uno ni lo otro.
Tras etapas dolorosas de asesinatos y represión abierta o callada, la presión democrática de la sociedad y sus organizaciones logra que en 2001 el Premio Nacional de Periodismo sea otorgado por un organismo totalmente independiente del  gobierno a manera de conquista social y del libre pensamiento; sin embargo, en la cultura política y en la vida misma de las organizaciones de periodistas, por décadas ha prevalecido una perversa simbiosis entre el poder político y la celebración del día de la libertad de expresión, como si fuera derecho de los comunicadores, de los dueños de los medios de comunicación y para festejarse con  los gobernantes en turno.   
El colmo de esa deformación lo presenciamos hace unos años cuando al calor del debate de la “ley televisa”, la comunidad de sus voceros se erigió en “defensora de la libertad  de expresión” cuando en realidad lo que se buscaba era defender los interés del duopolio televisivo en el presupuesto público destinado a las campañas políticas.  Una legislatura federal que se dijo presionada,  aprobó la famosa ley televisa por cierto contó con el voto de legisladores del PRI, PRD Y PAN. Por eso no lo ignoran mucho jóvenes.
La libertad de expresión es derecho que engloba a todo el sistema político e incluso determina sus posibilidades de evolución o de involución, si el caso es de represión de ese derecho. Por lo tanto la llamada libertad de prensa atañe al ejercicio de quienes se dedican a las actividades de comunicación mientras que la libertad de expresión es tan amplio que no tiene límites, comprende el arte, la cultura, de cátedra y científica, las creencias religiosas, los derechos políticos de los ciudadanos, la libertad de asociación y manifestación de ideas, el derecho a recibir o exigir información sobre los asuntos públicos, etc. 
Hablando de expresión, en México y conforme a la Constitución Política, nadie puede tener más derechos que los mismos que tienen los ciudadanos. Será discriminatorio cualquier privilegio, por eso tarde o temprano tendrá que salir a la luz pública la inconstitucionalidad de la iniciativa de Felipe Calderón  que pretende establecer, con demagógicos ánimos de congraciarse a la comunidad de periodistas, obligaciones para el Estado Mexicano de otorgar protección especial al ejercicio periodístico tal y como ocurre en territorios declarados en guerra y para los que rigen tratados internacionales especiales
Lo que no se ha entendido o no se quiere entender es que la raíz de los asesinatos de periodistas está en el estancamiento de la democratización de la sociedad y del poder político. Mientras esto no avance, la libertad de prensa como derecho de los comunicadores y de los propietarios de los medios de ejercer su profesión con garantías y respeto a su integridad, no se resolverá. Ninguna trasformación democrática en el mundo la han realizado los periodistas, ni los artistas críticos y protestatarios aunque a decir verdad ningún movimiento de trasformación democrática en la historia de la humanidad ha carecido de la presencia y la heroica aportación de artistas y plumas  de espíritu libertario. 
El ejercicio de la libertad de prensa encontrará futuro y cobijo, no como derecho de gremio sino en la medida en que se identifique y forme parte de los esfuerzos democratizadores de toda la sociedad y por ende del ejercicio de la libertad de expresión en su más amplia acepción de la que forma parte  la libertad de expresión en Internet; reto del que viene ocupándose la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), el Relator Especial de las Naciones Unidas (ONU) para la Libertad de Opinión y de Expresión, Frank La Rue, representantes que instaron al Congreso de los Estados Unidos a proteger enérgicamente y a respetar este derecho. En este escenario las redes sociales están desempeñando un papel fundamental. Pero este es otro tema. Cometarios: romeo-gonzalez@hotmail.com


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