lunes, 9 de julio de 2012

ARTICULISTA INVITADO



Héctor Yunes Landa

MUCHAS GRACIAS A TODOS LOS CIUDADANOS POR SU PARTICIPACIÓN.

En todo el país, y Veracruz no fue la excepción, la jornada electoral del primero de julio se vivió con intensidad. Fue una elección que se significó por un alto nivel de competencia y esto es lo deseado para quienes confiamos en la democracia. Sin embargo, los resultados que arrojó la elección, infortunadamente para nuestro sistema democrático, no han sido  aceptados por algunos de los contendientes perdedores. Creo que esta situación es injusta para muchos mexicanos y veracruzanos que, con su esfuerzo personal y su tiempo, participaron en el desarrollo y vigilancia de estos comicios, los cuales representan la gran oportunidad para dar un nuevo rumbo a la nación.
El proceso electoral es una contienda cívica organizada por y con los ciudadanos mexicanos; en Veracruz la participación de 69 mil 384 ciudadanos como funcionarios de casilla, así como de 4 mil 273 ciudadanos que observaron la jornada electoral, es una muestra palpable de avance en la consolidación del sistema democrático que rige nuestro país.
La jornada electoral se caracteriza, principalmente, por propiciar una intensa actividad ciudadana, en la que los integrantes de las mesas directivas de casilla se ven sometidos a una gran vigilancia para lograr un desarrollo legal y trasparente; asimismo, están sometidos a una fuerte presión para concluir la jornada en los términos que demanda la sociedad para contar con los resultados preliminares lo antes posible ya que eso da certidumbre a la elección.
Resulta comprensible y explicable entonces, que puedan ocurrir errores, accidentes u omisiones de parte de los ciudadanos, voluntarios por cierto, encargados del escrutinio y cómputo en las casillas en el afán de cumplir con rapidez la delicada responsabilidad cívica encomendada.
Estos errores pueden involuntariamente beneficiar o perjudicar a cualquiera de los partidos políticos que contienden en detrimento de otro, pero esto ocurre en igualdad de probabilidades para todos los partidos políticos participantes en el proceso. Un aspecto adicional muy importante es que en la gran mayoría de casillas existen representantes acreditados por cada uno de los partidos contendientes; son éstos representantes los que van verificando el cumplimiento puntual de la legalidad en cada etapa del proceso, desde la recepción de las boletas y apertura de las casillas hasta el cierre de las mismas y realización del cómputo de los votos emitidos por los ciudadanos. Todos los representantes de todos los partidos verifican cada voto, lo cuentan y hacen la sumatoria para establecer el cómputo final.
Me parece muy injusta la idea de que los errores en los conteos sean imputables al dolo o mala fe de los integrantes de las mesas directivas de las casillas, puesto que estaríamos haciendo señalamientos injustos e injustificables a ciudadanos que con entusiasmo participan en esta trascendental jornada cívica. Pensar esto, además, haría suponer que los millones de ciudadanos participantes en el proceso están coludidos en una conspiración y, por lo tanto, nuestra democracia no tendría sustento ni viabilidad. Por fortuna para México, esto no es así.
De todas maneras, y en previsión de cualquier error u omisión, de buena o de mala fe, nuestra ley electoral vigente contempla estas eventualidades, los recursos legales y los procedimientos jurídicos que los contendientes pueden seguir. También establece con absoluta claridad las causales tanto de apertura de paquetes, recuento y, en su caso, anulación de casillas. Esto otorga plena certidumbre a la sociedad de que sus votos son contados con pulcritud y respetados de manera escrupulosa.
Resulta por ello muy lamentable que un proceso electoral ejemplar, con uno de los mayores niveles de participación ciudadana en la historia de México, pretenda ser manchado por algunos con suspicacias mañosas y dolosas. Esto sólo demuestra que se trata de ganar en los medios lo que no se pudo ganar en las urnas.
Por lo que a los candidatos priístas concierne, estamos sujetos a lo que determinen las instancias electorales, con la confianza de que contamos con el apoyo de la mayoría y que obtuvimos un triunfo claro y limpio. Al día de hoy, habiéndose vuelto a contar los votos en cada uno de los 21 distritos federales que tiene Veracruz, nuestro triunfo es claro e inobjetable.
No es posible, que sólo se diga que hay democracia cuando el PRI pierde y, en cambio, cuando obtiene un triunfo bien ganado, se invoque el fraude electoral. Cuando el PRI pierde reconoce su derrota y asume una posición madura y responsable; esto favorece y  fortalece a nuestra democracia. Pero no es justo que no se reconozcan nuestros legítimos triunfos y se diga que sólo hay democracia cuando el PRI pierde.
No es justo para los ciudadanos que con su voto fortalecen la democracia, ni para el futuro de la nación, que en cada proceso electoral se pretenda mantener la sombra del fraude. México cuenta con uno de los sistemas electorales más avanzados en el mundo y reconocido por muchas naciones, es tiempo que dejemos atrás la nefasta idea de que la elección se resuelva en instancias judiciales en lugar de que la definan los ciudadanos en las urnas. Como dijo el Presidente Felipe Calderón: vivimos un proceso electoral ejemplar e histórico y lo bueno es que en la Democracia ni se gana para siempre ni hay derrotas permanentes.
Muchas gracias a todos los ciudadanos que mantienen su confianza en el desarrollo democrático de México y aportaron su valiosa participación en el proceso electoral federal. Cualquiera que haya sido la opción política por la que sufragaron, muchas, muchas gracias.

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