miércoles, 4 de julio de 2012

Entre Columnas


Mucho por hacer.
Martín Quitano Martínez
mquitanom@hotmail.com
“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.
Augusto  Monterroso.

Una muy alta participación en la presente elección, muestra a una sociedad que toma cuerpo en su idea de ciudadanía; ciudadanía que para muchos se ubica en el ejercicio de emitir su voto cada que algún proceso les parece atractivo, sin necesariamente involucrarse en la valoración de los sujetos a elegir, sus propuestas o comportamientos públicos fuera de las campañas.
A nuestro país le ha costado mucho arribar a estos momentos de construcción democrática, marcados por hechos y razones que la descalifican o generan desconfianza. Las actividades públicas o los asuntos de gobierno están sujetas a cualquier tipo de sospechas, mostrándose como una pesada condena.
Los datos electorales conocidos a través del IFE arrojan ganancias de un actor político que hace 12 años parecía abatido, pero que ahora se levanta con la sonrisa de retomar lo que prestó dos sexenios: la silla presidencial, habiendo consolidado sus feudos y probado la eficacia de su inobjetable vacuna de cultura política predominante en nuestro país.
En la democracia mexicana aún queda mucho por hacer y se comprueba con las acciones y reacciones que muestran los días previos y posteriores de este 1 de julio. De las pobrezas, impunidades y bajezas de nuestra clase política, de las debilidades de una parte de la sociedad que, sumida en sus desilusiones, en sus condiciones, arropa y reproduce con su voto lo más negro de las viejas prácticas, que muestran su vitalidad en todos los frentes políticos.
El desencanto de muchos por el regreso del PRI al poder presidencial está íntimamente relacionado con nuestros temores de restauración del viejo régimen, uno que por cierto nunca se había ido, porque su esencia permanecía, en mucho de nuestra vida política y cotidiana; sin embargo y pese a ello, muchos cambios se fueron dando en la férrea  lucha por conquistar formas distintas de vida y convivencia: ésas y otras que aún faltan, tendrán que defenderse con la razón de los derechos que se tienen pendientes.
Las condiciones para que ahora se presencie el regreso de los brujos tiene múltiples y escabrosas aristas, no son solo los operativos de los grupos hegemónicos y de interés  que dieron su respaldo a Peña Nieto y realizaron sus prácticas corruptoras, o las condiciones de pobreza, ignorancia ó inconsciencia de millones de mexicanos, también se tienen que ver en el espejo de las debilidades de la oposición, que con sus actos, cerraban las puertas o debilitaron la formación de los entramados y las estructuras para enfrentar de la mejor manera lo que sin duda sabíamos de los comportamientos históricos de una fuerza política que ha mostrado su capacidad para actuar con cinismo y por encima de la ley.
Como sea, la democracia es un bien por el que tenemos que seguir bregando. No será fácil perfeccionarla sin lograr que todos los actores participen con apego a la ley, sin embargo hoy más que nunca hay que reconocer las oportunidades que entre todos nos hemos brindado para impulsar los cambios que deben debatirse independientemente quien gobierne.
La jornada electoral aún no termina y los marcos legales existentes corren sus tiempos; esperar las impugnaciones, señalar los arrebatos de ilegalidad, limpiar la elección, contar y recontar los votos para aclarar y volver realmente creíble el proceso en medio de los manejos evidentes de suciedad, merecen ser momentos por transitarse sin dejar de mirar con indignación y fortaleza que aún queda mucho por hacer.
 Muchos dirán que los pueblos tienen los gobiernos y clases políticas que se merecen y pueden tener razón, sin embargo lo que ha quedado claro en está elección, es que existen muchos de este pueblo que se llama México, que esperamos más de lo que estos gobiernos y clases políticas hasta ahora han podido ofrecernos y que para derrotarnos se necesita mucho más que una fecha en el calendario de elecciones.
DE LA BITÁCORA DE LA TÍA QUETA
La esperanza es lo último que podemos perder.


     

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