miércoles, 27 de enero de 2016

En Veracruz, el horror que cambiar

Entre Columnas

Martín Quitano Martínez.
mquim1962@hotmail.com

El verdadero heroísmo está en transformar 
los deseos en realidades y las ideas en hechos.
Alfonso Rodríguez Castelao (1886-1950)


Veracruz ocupa el quinto lugar en secuestros y desapariciones; el sufrimiento de un sinnúmero de familias registradas en una estadística del horror que muestra la complicidad de instituciones indolentes, omisas, comprometidas o corruptas, no puede ser soslayada por un ejecutivo que puede cosificar el destrozo de la vida, la dolencia social apretada por el miedo de formar parte de esos números macabros, pues son hechos que están allí dolorosamente presentes, aunque se pretenda relativizar el daño a partir de la simulación y la majadería  gubernamental de 99 cosas buenas por una cosa mala.

Malas noticias que no cesan para los veracruzanos; los caminos de la vida por la que transitamos están llenos de espantos que brotan por doquier en una entidad administrada por una clase política mayoritariamente ruin, ignorante y corrupta.

Por más que se trate de impedir en medios, la realidad veracruzana deja expuesta la componenda, frivolidad, impunidad, la visión autoritaria y conservadora de un grupo que ha logrado que nuestra entidad avance en los atrasos.

El miedo que se incrementa en el tránsito de carreteras y calles por el aumento de asaltos, violaciones y muertes, son ruidos sociales que no incomodan al poder, que no les generan sobresalto, ignorándolo desde discursos oficiales que insisten en la mentira como su moneda de cambio ante una sociedad que no deja de pensarse en la indefensión frente a la frivolidad gubernamental.

Hay un Veracruz exhausto ante la violencia, es el mismo que reconocido nacionalmente por su historia liberal, ahora retrocede por culpa de diputados neoconservadores que criminalizan y cancelan la posibilidad del libre derecho a la decisión de la mujer. Convencidos o sumisos ante la soberbia y la ignorancia del ejecutivo, esos diputados no tiene parangón, obedeciendo abyectamente en lugar de significar los intereses del conjunto social veracruzano.

Las representaciones políticas e institucionales veracruzanas, en su mayoría, responden a los usos y costumbres que dominan el ejercicio gubernamental, actuando con desprecio ante las necesidades y demandas sociales, utilizando discrecionalmente los recursos públicos y mostrando con cinismo y desparpajo su incompetencia e ignorancia.

Urge una sacudida para el estado, un cambio de rumbo que implique conducirse con compromiso cívico y ciudadanía, asumiendo las responsabilidades que nos tocan y que no se agotan solo en el hacer individual sino avanzando en la construcción de la organización social y de las demandas, con una propuesta alternativa que permita romper  los miedos y la autocomplacencia; una nueva actitud de exigencia para el cumplimiento de leyes y reglamentos, señalando los fallos, los abusos y las omisiones.

Es la participación social en lo ideal y lo práctico, el único elemento que podrá acorralar a funcionarios y políticos para que cumplan sus tareas, sus obligaciones. Por ejemplo, el mal profundo de la corrupción solo puede atacarse si dejamos de ser condescendientes con ella, si buscamos y señalamos, si prevenimos y sancionamos, si nos hacemos parte de la solución y no del problema.

El escenario de nuestra vida pública está maltrecho, se encuentra carcomido y corrompido y sin embargo tenemos oportunidades para recomponerlo, los problemas estructurales de nuestra sociedad no están en nuestro ADN, son construcciones humanas que sin duda pueden mejorarse pese a la oposición de los que ahora se benefician de ellas. Insistir, no agotarnos y participar es el deber de los  veracruzanos que decimos que no podemos continuar por esta ruta del horror.

DE LA BITÁCORA DE LA TÍA QUETA   
 Tajamanar, Quintana Roo,  ecocidio , monumento a la corrupción y a la impunidad.

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