jueves, 17 de marzo de 2016

El gran corruptor

Entre Columnas

Martín Quitano Martínez
mquim1962@hotmail.com

Si no peleas para acabar 
con la corrupción 
y la podredumbre, 
acabarás formando parte de ella.
Joan Baez (1941-?) 
Cantante estadounidense

Medios y comentaristas de cobertura nacional discuten sobre el caso Veracruz, poniéndolo de ejemplo de lo que no debe ser, de lo que está mal; critican la situación con molestia, burla y hasta con asombro de no haber advertido el triste monumento que desde hace tiempo se fraguaba en la entidad veracruzana, convirtiéndonos en una entidad sumida en el desprestigio, panacea de la corrupción y la inseguridad, de la incompetencia y la impunidad.

No es casual la situación en la que nos encontramos, se han ido acomodando las piezas del diseño que desde el poder local se establecían, emanados de una élite acostumbrada a gobernar por encima del interés de las mayorías, lograron acentuar las contradicciones y llevarnos a la postración en la cual ahora nos encontramos.

En nuestro estado, los gobiernos emanados de la postrevolución mexicana solo han sido de un solo logotipo con  matices que por mercadotecnia van del tricolor al monocolor rojo, este último referente de lo más infecto de los ejercicios públicos conocidos, el color rojo fidelidad instituyó además de una imagen pública, una referencia de las viejas y peores formas de ejercer los encargos públicos.

Sin embargo la descomposición profunda por la que ahora atraviesa Veracruz tiene un tiempo más corto del que podríamos suponer después de 87 años, son los últimos casi doce años los que han avasallado cualquier momento bueno o malo que se haya tenido, pues apareció el sujeto protagónico indiscutible, el gran corruptor.

El ejercicio pleno del “pinche poder” se convierte en una pócima que todo permite, que todo compra, sobre unas reglas del juego repletas de complicidad, temor y corrupción. El juego implicaba demostrar que la mejor vida posible, la aspiración del grupo pasaba por ser parte del contubernio, sacando lo peor de cada uno y regocijándose en la inmundicia; los cálculos del “pinche poder” implicaban dominar el mundo veracruzano desde el laboratorio donde se fabricaban los frankensteins que, ávidos de sus intereses, destruían, robaban y amedrentaban.

El gran corruptor diseñó la continuidad y la ganó, asumiendo que nada pasaría en contra de sus planes, que sus manos y directrices todo lo podían controlar, que sus frankenteins sabrían mantener sus enseñanzas. El tiempo ha mostrado que los monstruos no alcanzaron a comprender que las ruinas también los alcanzarían, que los hombres y mujeres del pueblo pueden encender las teas y salir por ellos.

Los castigos por los destrozos ocasionados por doce años de vigencia del gran corruptor y sus discípulos, por las ruinas que todos vemos y vivimos, no pueden solo quedarse en el anecdotario, en el lamento, es necesario que la historia y la justicia reclamen la presentación y quiten la impunidad a la mano que meció la cuna.   

DE LA BITÁCORA DE LA TÍA QUETA
La Comisión Estatal de Derechos Humanos de Veracruz una verdadera carabina de Ambrosio 

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