domingo, 21 de agosto de 2016

La costumbre como un acto de normalidad



(Foto: Ilustrativa. Créditos: Sergio Adrian Virues‎. Facebook. Coatepec Antiguo. 10 de julio. Primer campeonato de futbol en Coatepec.- 1962)


*Por Licenciado José Luis Hernández Parra
Litigante
Penalista
Experto en Juicios Orales


Mucho hemos festejado los diez años de que nuestro Coatepec lindo y querido, que  es y siga siendo un Pueblo Mágico, al cual después de más de 35 años he habitado, donde he crecido, donde he jugado, donde me he fascinado con su historia y donde me he desilusionado de su forma de regir desde el punto de vista social.

Quién no recuerda aquellos bellos momentos en los que después de ir a misa, escuchabas  a las afueras del mercado Rebolledo al merolico ese que te vendía las pomadas mágicas; la señora que vendía sus tomatitos, esos chiquitos que con chiles silvestres se podían localizar mercando con estas señoras que venían de las partes altas de nuestro municipio. Donde también degustabas una nieve con el señor de una carretilla de madera hecha de manera artesanal, que se paraba afuera del mercado a vender, o el de los jamoncillos y dulce de cacahuate que tenía que romper con una hachita y que te entretenía ver como lo hacía, y ¡ cómo olvidar a la viejecita que vendía comida y garnachas junto a lo que hoy es la comex ¡.

Tiempos realmente de una romería sana de comercio real, sin personas vivales que aprovechando una mala manera de gobernar se aprovechan para formar sus famosas organizaciones de comerciantes, pero como dice aquél dicho ancestral: no tiene la culpa el indio sino quien lo hace compadre; porque no es de hoy, sino de aquellos ayeres en los que las autoridades de comercio vieron en ello un gran negocio, cobrar y cobrar a más y más personas y así dar pie a una organización que hoy se desdobla por su líder ante una estúpida decisión de desalojo, pero en fin hay que reclamarle al compadre, porque el indio que avisa no traiciona, también eso decía mi abuelo.

Y si a eso le aumentamos una gran muestra de incompetencia gubernamental, al darle Poder a unos cuantos y que esos cuantos pacten, se arreglen y concedan ante una presión política algo que legalmente no es posible, con un representante del pueblo encargado de administrar y que este no sabe, no entiende que los asuntos se arreglan en Palacio  y no en cafés o restaurantes donde ahora se despacha.

Grandes presidentes municipales se han de estar carcajeando, otros más revolcándose en la tumba de como destrozan Coatepec con decisiones nefastas. Dónde quedó aquél presidencialismo municipal donde al presidente se le respetaba, donde el presidente recibía al pueblo en su oficina, donde intentaba ayudar aún en contra de adversidades económicas, donde el desarrollo integral de la familia tomaba una rol social de ayuda a la población, casi casi sustituyendo a desarrollo social y lo recuerdo bien porque cuando era niño era de los que se formaba por un cuadro de queso y unas bolsas de leche que en mucho ayudaban a la familia. 

Ahí, donde se impartían cursos de capacitación a las amas de casa y que coordinados con el gobierno municipal hacían sentir al pueblo de alguna manera protegido; donde el regidor y síndico no trataban de ser más que el presidente, sino una administración unida capaces de lograr una buena administración donde también se coordinaban con las escuelas públicas para hacer eventos culturales.

Cómo olvidar mis participaciones de niño en los concursos de declamación en un estrado a las afueras de palacio municipal donde mi escuela, la artículo 3o. constitucional, competíamos por un lugar en una sana competencia, y que sacarse la foto con el presidente municipal era lo máximo, cuando hoy, hoy señores, no quieres ni estar cerca de él.

Cómo no añorar esas reuniones de familias en cada barrio donde la autoridad municipal los reunía y se comprometía en uno solo haciendo faenas para la mejora de calles y colonias donde incluso no era necesaria la presencia del presidente, sino de sus colaboradores como eran los regidores y síndicos los cuales no les importaba mojarse, ensuciarse en el lodo, ni llegaban con sus cascos de ingenieros y chalecos de construcción para la foto, sino como gente del pueblo, como Coatepecanos que eran.

No pasa por alto esas políticas públicas que se hacían con los empresarios locales y grandes empresas que eran convencidos de ayudar a la población más vulnerable, logrando apoyos que sí se entregaban a los comités de colonias para la mejora de colonias y calles, pero la costumbre de hoy nos hace solo añorar y esperar un buen gobierno comprometido con los coatepecanos, con los empresarios, haciendo excelentes políticas públicas, dejando de lado intereses personales y políticos.... por lo pronto, sigamos con la costumbre como un acto de normalidad....

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