PROMO OLDIES

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martes, 6 de junio de 2017

“DEBO NO NIEGO; PAGO LO JUSTO”



“DEBO NO NIEGO; PAGO LO JUSTO”



Por Lic. Teresa Carbajal




*Lic. María Teresa Carbajal Vázquez
Coordinadora General de El Barzón RC
Av. 20 de Noviembre Ote. 333 Casa 1 “A” | C.P. 91000 Zona Centro, Xalapa, Ver.
Previa Cita: Tel. (228) 166.80.05 | Cel. (228) 114.85.02 



· ¡Si me muero, a ver quién les paga!

I Parte






En esta ocasión quiero compartirles el caso de Julia, a quien la Asamblea Barzonista llama con cariño: Julita. Su vida se ha desarrollado al Sur del Estado de Veracruz, precisamente en San Andrés Tuxtla. Yo la vi por primera vez hace casi dos años, pero tuve la oportunidad de verdaderamente conocerla, en ese lapso.

Son muchas las causas por las que alguien ingresa al Barzón, en algunos casos las personas llegan al Barzón después de vencer la barrera del peso de las siglas del Barzón, en otros, las amargas experiencias con malos abogados les obligan a convencerse de venir y llegan aquí como la última opción de salvación de su patrimonio; y hay muchos más que llegan porque un “mejor amigo” ha sido algún caso de éxito del Barzón y no dudan en recomendarle que acuda con nosotros si está en problemas con deudas. 

En este último supuesto se encontraba Julita, quien días antes a recibir la llamada de Lety, de quien alguna vez les platiqué la oportuna intervención del Barzón en su caso, que culminó con el rescate de su casa de manos de una empresa papelera de presencia internacional. Julita había decidió entregar sus bienes que cuentan con un valor mucho mayor al monto representado por sus deudas al Banco, porque sufría a dicho de ella, “la peor de las enfermedades que uno puede padecer: el miedo. Por esos días recibió un emplazamiento a juicio mercantil, el Banco ya no podía esperar más a que ella recuperara su solvencia económica y decidió demandarla por conducto de sus abogados y hacer cuentas en un juzgado.

Coincido totalmente con ella al concebir el miedo como una enfermedad, pues cuando sentimos miedo perdemos noción de la realidad que vivimos. Pero no solo el miedo es lo que nos lleva a tomar decisiones precipitadas que generalmente son inadecuadas y traerán a su vez peores consecuencias. Es la falta de orientación y asesoría legal adecuada y oportuna, lo que complica nuestro escenario, porque vislumbramos solo el problema y dejamos de pensar en la solución. Aparte del miedo es desconocer ¿qué significa realmente estar demandado? ¿Qué va a pasarme a mí, a mi familia a mis bienes? ¿Qué debo hacer? ¿Puedo ir a la cárcel? 

Sentimos que se nos acabó el tiempo, que ya no hay nada más que hacer, que llegó el fin y peor aún, nos imaginamos siendo despojados de nuestros bienes, lanzados a la calle sin nada, solos, y si aunado a eso cargamos la responsabilidad de tener que dar respuestas a quienes dependen de nosotros hijos, familia, empleados, etcétera. El pensamiento de fracaso nos persigue a cada instante descuidamos nuestro trabajo, nuestras actividades cotidianas, y sentimos miedo a cada instante, nos paralizamos, dejamos de ser productivos, solo pensamos y esperamos el momento final. 

Si no, ¿Por qué cree usted que a los Bancos hace algunos años –antes de que la cobranza abusiva fuera sancionada- les resultaba más económico y rápido que contratar abogados para demandar el cobro de las cuentas vencidas, el contratar cobradores para ejercer terrorismo telefónico de cobranza? Porque era mejor aprovecharse del desconocimiento de términos legales, de la falta de cultura financiera y de la falta de facultades y en algunos casos pasividad e ineptitud de las procuradurías que no procuran. 

Afirmo que Julita es una mujer valiente y valiosa pues así lo ha demostrado toda su vida al superar experiencias amargas y dolorosas que tuvieron impacto en su salud financiera y personal, pero carecía de orientación legal adecuada. 

Para explicarme mejor quiero contarles un poco de ella. Julita y su hermano comenzaron su vida de comerciantes en el año de 1958 “vendiendo petróleo” evolucionaron después a la venta de abarrotes, y para el año de 1960 ya contaban con un local dentro del mercado municipal, en mil novecientos sesenta y ocho su mercado se había extendido a Juanita, una comunidad perteneciente al Municipio de San Juan en donde el paso del ferrocarril que transportaba ganado a toda la República y el repunte de la actividad económica ganadera, era buena oportunidad de negocio.

Diez años más tarde ya con inversiones en ganado y una camioneta, la fiebre bovina terminaría con el éxito comercial de sus tantos años de trabajo, recuerda que solo les quedó la camioneta, en la que pudieron regresar a San Andrés, ahí comenzaron de nuevo vendiendo abarrotes en las comunidades aledañas a Catemaco y Santiago, nuevamente como todo esfuerzo fue premiado por la suerte al comenzar a recuperarse, ahora con la construcción de la carretera transísmica, incluso -me cuenta- hasta se inscribieron a la Cámara de Comercio para instruirse en negocios eran tiempos de la “cédula cuarta” y del comienzo de la regulación e inspección gubernamental a los comerciantes en cuanto a pesos y medidas; así como en el rubro de salubridad y de impuestos, ahí con fines legales constituyeron su negocio familiar abarrotero a persona moral.

En mil novecientos noventa y tres le toca vivir a Julita una terrible tragedia familiar, el homicidio de su hermano. De esa irreparable pérdida Julita respondió a la vida reorganizando el negocio familiar ahora con la viuda de su hermano y sus sobrinos, con esta generación de jóvenes se propicio la contabilidad formal, el uso de equipos de cómputo lo que aunado a la apertura de cuentas bancarias, los hizo sujetos de crédito, para el año dos mil comenzaron a hacer uso de dichos créditos de menor cuantía y de tipo quirografario y revolvente; así –como la historia de muchos- ante el buen manejo crediticio pronto le comenzó el banco a ofrecer más créditos.

Créditos que destinaron a la construcción de bodegas y adquisición de parque vehicular, todo iba bien hasta que sufrieron el robo de un tráiler completo cargado de mercancía en la central de abastos de la ciudad de México, pérdida que el seguro no les cubrió. Pero el golpe final que hundiría su negocio serían las extorsiones, secuestros, cuotas y el terror en que se hundió Veracruz en tiempos de Fidel Herrera, pues ante la ola de inseguridad comenzaron a ver víctimas de saqueos y extorsiones…



Continúa…





Contacto elbarzonrc@yahoo.com.mx, @terecarbajal

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